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La oferta de Washington: combustible y ayuda humanitaria con una condición
La Administración Trump colocó sobre la mesa una propuesta de alcance considerable. Un portavoz del Departamento de Estado la resumió en declaraciones a Martí Noticias. Según ese funcionario, Washington ofreció al régimen opciones claras para recibir asistencia humanitaria distribuida por canales apropiados. La ayuda incluiría además combustible, un recurso que la isla necesita con urgencia extrema. Sin embargo, la oferta llega atada a una condición económica de gran calado: la privatización de la industria energética cubana. Hasta el momento no se ha informado de ningún acuerdo entre ambos gobiernos. Tampoco existe un documento bilateral público con cantidades, plazos o mecanismos de implementación.
Qué significaría abrir el sector energético a la gestión privada
La condición estadounidense no es un detalle técnico menor. En Cuba, la energía constituye un monopolio estatal absoluto desde hace más de seis décadas. El Estado controla la importación, el refinado, la distribución y la venta de combustibles. Por lo tanto, admitir gestión privada implicaría desmontar uno de los pilares del modelo económico del régimen. Se trataría, en la práctica, de ceder control sobre un sector estratégico y altamente rentable. De ahí que la propuesta trascienda lo comercial y entre de lleno en el terreno político.
El expediente CUPET y el nombre que aparece en las negociaciones
Los reportes publicados en Estados Unidos aportan un nivel de detalle mayor. Según una investigación del Miami Herald firmada por la periodista Nora Gámez Torres, hubo negociaciones extraoficiales durante los primeros meses de 2026. La propuesta habría contemplado suministro estable de petróleo estadounidense e inversiones en la infraestructura eléctrica. A cambio, Washington habría pedido cambios profundos en el manejo del sector, incluida la privatización de CUPET. Esa empresa estatal concentra la importación, distribución y comercialización de combustibles en la isla. Asimismo, el reporte identifica a un interlocutor clave del lado cubano: Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, conocido como “El Cangrejo”. El personaje no ostenta un cargo formal en el Gobierno. Su influencia, en cambio, proviene del vínculo familiar y de su papel dentro del Ministerio del Interior.
El futuro de Díaz-Canel: lo que reportaron el New York Times y el Miami Herald
Aquí aparece el punto más delicado de todo el expediente. En marzo de 2026, The New York Times informó que funcionarios estadounidenses plantearon la posibilidad de que Díaz-Canel abandonara el poder. Algunos de ellos consideraban que su salida facilitaría cambios económicos estructurales difíciles de aprobar bajo su mandato. Meses después, el Miami Herald situó ese mismo elemento dentro del paquete energético negociado en secreto. Conviene precisar, no obstante, un matiz que suele perderse en los titulares. El poder real en Cuba no reside en la figura presidencial. Permanece concentrado en la familia Castro y en el conglomerado militar GAESA, que controla turismo, comercio y divisas. En consecuencia, las propias fuentes citadas advierten que un simple relevo no garantizaría apertura política ni económica.
Por qué fracasó el intento: dos frenos, uno en La Habana y otro en Miami
El acuerdo explorado no prosperó, según la reconstrucción del Miami Herald. Dos factores lo bloquearon. Primero, La Habana rechazó aceptar condiciones externas sobre la composición de su propio gobierno. Rodríguez Castro habría dejado claro que la familia no abandonaría el poder. También descartó que Díaz-Canel fuera removido por exigencia extranjera. Segundo, apareció la presión política desde Miami. Legisladores cubanoamericanos se opusieron a replicar en Cuba un modelo similar al aplicado en Venezuela. De este modo, la iniciativa quedó frustrada antes de convertirse en negociación formal.
Sin Venezuela y sin reservas: la debilidad que explica la presión
El contexto energético explica por qué Washington negocia desde una posición de fuerza. Cuba produce apenas alrededor del 40 % del combustible que consume. El resto depende históricamente de aliados extranjeros y de acuerdos subsidiados. Tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, la isla perdió una de sus principales fuentes de crudo barato. A ello se suman las restricciones impuestas por Washington a la llegada de petróleo extranjero desde enero pasado. El resultado se mide en la calle: apagones que en algunas regiones superan las veinte horas diarias. Mientras tanto, el régimen atribuye el colapso al “bloqueo energético” y evita el debate sobre décadas sin inversión.
La pregunta de fondo: ¿hasta dónde puede ceder la cúpula?
El dilema que enfrenta La Habana no admite salidas cómodas. Aceptar la apertura energética implicaría reconocer el fracaso del modelo estatal ante su propia población. Rechazarla, en cambio, significa prolongar una crisis que ya erosiona la estabilidad interna. El régimen busca, según las fuentes citadas, proyectar renovación sin aparentar sumisión ante presiones extranjeras. Esa ecuación resulta cada vez más difícil de sostener. Para la comunidad cubana dentro y fuera de la isla, la incógnita permanece abierta. ¿Hasta dónde está dispuesta a ceder la cúpula para conseguir el combustible que necesita desesperadamente?

