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Cincuenta y dos personas buscan atención médica en cuestión de horas
La alerta sanitaria estalló en el reparto José Martí, en Santiago de Cuba. En apenas unas horas, 52 personas acudieron al policlínico José Martí Pérez. Todas presentaban síntomas compatibles con una intoxicación alimentaria. El personal médico activó de inmediato el protocolo de emergencia. Además, la Dirección Provincial de Salud Pública confirmó el episodio mediante una nota oficial. La magnitud del brote, sin embargo, desbordó la capacidad habitual del centro.
Gestantes y menores entre los 18 pacientes ingresados
De los 52 atendidos, 18 debieron ser remitidos a hospitales. Entre ellos figuran dos gestantes y tres menores de edad. Los 13 restantes son adultos. Los pacientes llegaron con vómitos, diarreas, náuseas y dolor abdominal. Asimismo, varios reportaron calambres en la boca y en las manos. Algunos casos presentaron deshidratación de leve a moderada. No obstante, las autoridades aseguran que ningún paciente se encuentra en estado grave o crítico.
Salud Pública investiga el origen, pero no revela el alimento
El Ministerio de Salud Pública afirma que ya trabaja en la identificación del agente causante. Las muestras, según la versión oficial, se encuentran en análisis de laboratorio. Sin embargo, las autoridades no han revelado qué alimento provocó el brote. Tampoco han precisado su procedencia ni el punto de distribución. Ese silencio, de hecho, alimenta la desconfianza de una población acostumbrada a informarse por redes sociales antes que por los medios estatales.
Un patrón que se repite en toda la isla
El episodio no constituye un hecho aislado. Al contrario, se suma a una cadena de emergencias sanitarias documentadas en los últimos años. En enero de 2026, un brote de hepatitis A se vinculó al colapso del sistema de alcantarillado. En septiembre de 2025, veinticinco personas fueron hospitalizadas tras consumir alimentos contaminados en un tren. Un año antes, en diciembre de 2024, murió un menor por ingerir un embutido presuntamente en mal estado. Y en noviembre de 2021, setenta personas se intoxicaron con agua potable contaminada.
El trasfondo: infraestructura colapsada y controles insuficientes
Detrás de cada brote asoma el mismo problema estructural. La escasez obliga a las familias a comprar en mercados informales y sin control sanitario. Los cortes eléctricos, por su parte, rompen la cadena de frío durante horas. A esto se suman las redes de agua deterioradas y la falta de reactivos en los laboratorios. Por lo tanto, la respuesta no puede limitarse a atender los síntomas. Santiago de Cuba necesita medidas urgentes, transparencia en la información y una inversión real en su infraestructura sanitaria. La salud de miles de familias depende de ello.

