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El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, afirmó que Washington aspira a que el próximo gobierno de Venezuela reciba un país en condiciones de estabilidad y no una economía devastada. La declaración, formulada durante una entrevista con el periodista Sergio Novelli, coloca la reconstrucción económica en el centro del debate sobre el futuro del país sudamericano.
La transición no termina en las urnas
Rubio señaló que cualquier proceso electoral en Venezuela deberá ser válido y ajustarse a las normas internacionales. Sin embargo, insistió en un punto que suele quedar relegado en el discurso político: la transición debe ir acompañada de estabilidad económica.
“No queremos que hereden un desastre económico”, afirmó el secretario de Estado.
La advertencia apunta a un escenario conocido en la región. Un cambio de gobierno legitimado en las urnas puede quedar rápidamente comprometido si quien asume encuentra las finanzas públicas destruidas, la producción paralizada y una población sin capacidad de espera. La legitimidad política, sin recursos para sostenerla, se erosiona en cuestión de meses.
María Corina Machado y las garantías de seguridad
En la misma entrevista, Rubio sostuvo que María Corina Machado podrá regresar a Venezuela cuando lo desee. No obstante, recalcó que Estados Unidos quiere garantías para su seguridad y para la de otros dirigentes venezolanos que permanecen actualmente en el exilio.
El planteamiento reconoce, de manera implícita, que el retorno de las figuras opositoras no es hoy un acto de simple voluntad personal. Depende de condiciones que aún no están aseguradas y que Washington considera parte inseparable de cualquier apertura política real.
Una advertencia que la comunidad cubana conoce de cerca
Para el exilio cubano en Miami, el planteamiento de Rubio resulta familiar. La experiencia de la isla ha demostrado que el deterioro económico no es un daño colateral de los regímenes autoritarios, sino uno de sus efectos más persistentes: sobrevive a los gobiernos, condiciona a los que llegan después y hipoteca a generaciones enteras.
De ahí que la declaración del secretario de Estado trascienda el caso venezolano. Plantea una pregunta que atraviesa a toda la región: qué queda de un país cuando finalmente cambia el poder y qué herramientas tendrá quien asuma la tarea de levantarlo.
Lo que sigue pendiente
Las palabras de Rubio fijan una posición, pero no detallan mecanismos concretos ni plazos. Queda por definir cómo se articularían las garantías de seguridad mencionadas, qué papel jugaría Estados Unidos en una eventual recuperación económica y bajo qué condiciones se validaría un proceso electoral venezolano.
Mientras esas definiciones llegan, el mensaje de Washington queda planteado con claridad: el objetivo declarado no es únicamente un cambio de gobierno en Caracas, sino que ese cambio ocurra sobre un país que todavía pueda ser gobernado.

