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Olga, una cubana de 70 años, compartió un desgarrador testimonio en un video difundido por Sembrando Semillas Latam. Frente a una persona que acudió a entregarle un donativo, confesó, sin rodeos: “Ayer no comí y hoy voy por el mismo estilo”. La frase, pronunciada con la naturalidad de quien ya se acostumbró a la carencia, resume en pocas palabras el drama que enfrentan miles de ancianos cubanos cada día. Detrás de esa confesión no hay una anécdota aislada, sino el reflejo de un sistema que dejó de sostener a quienes más lo necesitan.
Quince días sin luz y tres sin agua: la vida reducida a lo mínimo
Además de la falta de alimentos, Olga relató que lleva quince días sin electricidad. En consecuencia, tampoco puede conservar los pocos alimentos que logra conseguir ni acceder a comodidades básicas que dependen del servicio eléctrico. A esa carencia se suma otra igual de grave: en su vivienda llevan tres días sin agua. Por lo tanto, la anciana enfrenta al mismo tiempo tres crisis que deberían resolverse por separado y que, sin embargo, golpean su hogar de forma simultánea.
Una pensión de tres dólares para sobrevivir un mes
Olga también explicó que su esposo recibe una pensión de apenas 1.500 pesos cubanos, cifra que ella misma calcula en unos tres dólares. Con ese monto, cualquier gasto básico se vuelve una decisión imposible. Asimismo, la anciana necesita medicamentos para una enfermedad en una pierna, pero un paquete de pastillas le cuesta 600 pesos. Ese dinero, según confesó, no sabe de dónde sacarlo. La matemática es cruel: la pensión mensual apenas alcanzaría para comprar dos o tres paquetes de un medicamento imprescindible, sin contar comida, agua ni ningún otro gasto.
El retrato de miles de ancianos cubanos abandonados a su suerte
El testimonio de Olga no describe un caso excepcional. Al contrario, refleja la situación de muchos adultos mayores cubanos que, después de toda una vida trabajando, llegan a la vejez sin recursos suficientes para cubrir necesidades tan básicas como comida, medicamentos, agua y electricidad. Mientras el discurso oficial insiste en la seguridad social como una conquista histórica, la realidad de estos ancianos demuestra lo contrario: un sistema de pensiones que no cubre ni una fracción de lo elemental, en un país donde los servicios más básicos también fallan.
“La estamos pasando muy mal”: una frase que resume una crisis nacional
Su frase final resulta especialmente dolorosa: “La estamos pasando muy mal”. No se trata de una queja aislada, sino del resumen de una vida entera reducida a la supervivencia diaria. La comunidad cubana, dentro y fuera de la isla, observa con indignación cómo personas que dedicaron décadas de trabajo al país terminan dependiendo de donativos para poder comer. ¿Cómo puede una persona de 70 años haber trabajado toda su vida y terminar dependiendo de donaciones para poder comer?

