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El Sistema Electroenergético Nacional (SEN) sufrió este viernes un nuevo golpe de gravedad. Según los primeros reportes, una oscilación registrada en las líneas de transmisión provocó la salida de servicio de tres unidades generadoras clave: la Unidad 1 de la termoeléctrica de Felton, la Unidad 6 de la CTE Diez de Octubre y la Unidad 6 de la CTE Antonio Maceo. Estas plantas constituyen, de hecho, pilares fundamentales del suministro eléctrico en la región oriental de la isla. Por lo tanto, su desconexión simultánea desencadenó un efecto en cadena de consecuencias inmediatas para millones de cubanos.
Cuatro provincias completas sumidas en la oscuridad
Como resultado directo de la falla, las provincias orientales desde Holguín hasta Guantánamo quedaron totalmente desconectadas del sistema nacional. Sin embargo, la afectación no se limitó a esas dos provincias: Granma y Santiago de Cuba también se vieron alcanzadas por el apagón, extendiendo la crisis a prácticamente todo el extremo oriental del país. En consecuencia, miles de familias se encontraron, de un momento a otro, sin electricidad para actividades tan básicas como conservar alimentos, acceder a agua potable mediante bombeo o mantener encendidos los equipos médicos de quienes más los necesitan.
Incertidumbre oficial sobre el restablecimiento del servicio
Hasta el momento, las autoridades energéticas no han precisado un plazo concreto para el restablecimiento del suministro en las zonas afectadas. Además, esta falta de información, ya habitual en este tipo de eventos, deja a la población oriental sin certeza sobre cuándo podrá recuperar la normalidad. Asimismo, la ausencia de plazos claros se suma a un patrón reiterado de opacidad que ha caracterizado la gestión de las crisis eléctricas en Cuba durante los últimos años, alimentando la desconfianza de una ciudadanía acostumbrada a esperar respuestas que rara vez llegan a tiempo.
Un sistema al límite: la fragilidad que nadie puede seguir ignorando
Lo ocurrido el jueves por la noche vuelve a poner en evidencia la extrema vulnerabilidad estructural del sistema eléctrico cubano. Basta una simple oscilación en las líneas de transmisión para que unidades generadoras completas salgan de servicio y arrastren consigo a millones de personas hacia la oscuridad. Este episodio no es un hecho aislado, sino la manifestación más reciente de un sistema envejecido, con escaso mantenimiento y sin margen de reserva ante cualquier imprevisto. Mientras la infraestructura energética siga sin una inversión real y sostenida, los apagones masivos continuarán siendo, para el oriente de Cuba, una amenaza constante más que una excepción.

