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Una madre de la Isla de la Juventud denunció el estado de la leche en polvo que recibió en la bodega. El producto corresponde a la cuota de su hija, una niña de apenas un año de edad. La mujer difundió su reclamo a través de las redes sociales. Su testimonio se suma a una lista creciente de denuncias. Todas apuntan a la calidad de los alimentos destinados a los niños cubanos.
Un mes sin leche y una entrega que llegó en mal estado
La denuncia parte de un dato que agrava el episodio. Según la propia madre, el mes anterior no recibió leche alguna para la niña. Ahora, en cambio, le entregaron un producto cuyo estado le genera preocupación.
Se trata, por lo tanto, de una doble falla. Primero, la ausencia total del alimento durante un mes completo. Después, la llegada de una entrega que la madre no considera apta para su hija.
El temor de una madre: la salud de una niña de un año
La preocupación central es sanitaria. Esta madre expresó temor de que el producto pudiera provocarle problemas digestivos a su hija. A esa edad, cabe recordarlo, la leche constituye una parte esencial de la dieta diaria.
Un lactante no tiene alternativas reales. Su organismo, además, resulta especialmente vulnerable ante cualquier alimento en mal estado. Por eso la duda de esta madre no es una exageración, sino un cálculo elemental de riesgo.
“Una falta de respeto a la población”
El reclamo de la mujer fue directo y sin rodeos. “Cómo ustedes creen que yo le voy a dar esa leche a mi niña”, cuestionó indignada.
La madre calificó además la situación como “una falta de respeto a la población”. Esa frase resume el sentimiento de miles de familias en la isla. No se trata únicamente de la escasez, sino del trato que reciben quienes dependen de la distribución estatal.
La leche de la libreta: un derecho que el Estado ya no garantiza
En Cuba, los niños pequeños tienen asignada una cuota de leche a través de la libreta de abastecimiento. El régimen presentó durante décadas ese beneficio como una conquista social intocable.
Hoy, sin embargo, esa asignación llega tarde, incompleta o sencillamente no llega. Las denuncias por retrasos en la entrega se han vuelto habituales en distintas provincias. En consecuencia, muchas familias deben recurrir al mercado informal para conseguir leche. Allí los precios resultan inalcanzables para un salario o una pensión estatal.
Un patrón que se repite en toda la isla
El caso de la Isla de la Juventud no constituye un hecho aislado. Al contrario, se inscribe en un deterioro más amplio de la cadena alimentaria cubana. Los cortes eléctricos afectan la conservación de los productos. El transporte y el almacenamiento, asimismo, funcionan por debajo de lo necesario.
Ninguna de esas causas resulta visible para una madre que abre un paquete de leche. Ella solo comprueba el resultado final del sistema. Y ese resultado, en este caso, es un alimento que no se atreve a darle a su hija.
La pregunta que queda abierta
Detrás de esta denuncia hay una niña de un año y una madre sin opciones. No existe una segunda bodega a la cual acudir. Tampoco hay un mecanismo real para reclamar y obtener una respuesta.
La comunidad cubana, dentro y fuera de la isla, conoce bien esta escena. Se repite en cada provincia y en cada mes del año. Queda, en definitiva, una pregunta dirigida a cualquier padre o madre: ¿qué harías tú si recibieras una leche así para alimentar a tu bebé?

