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Una madre cubana residente en el municipio de Marianao, en La Habana, decidió hacer pública una denuncia que refleja el miedo con el que asegura vivir junto a su hija de apenas 9 años. Según su testimonio, ha presentado varias denuncias contra su expareja por presuntas amenazas de muerte, violencia y acoso. Sin embargo, asegura que las medidas adoptadas hasta el momento no han sido suficientes para garantizar su seguridad ni la de su pequeña.

El terror que vive una niña de 9 años
Uno de los episodios más graves, según relata la mujer, ocurrió delante de su hija. La menor, de acuerdo con el testimonio materno, vive aterrorizada ante la posibilidad de perder a su madre. “Mamá, yo no quiero que te pase nada, yo no quiero quedarme sola”, asegura que le repite constantemente la niña. Esta frase, cargada de una madurez forzada por el miedo, expone hasta qué punto la violencia dirigida contra un adulto termina marcando también la infancia de quienes la presencian.
De unidad en unidad: la búsqueda de protección que no llega
La denunciante afirma que ha tenido que cambiar de vivienda por miedo, además de acudir a unidades policiales, a la Fiscalía y a otras instituciones en busca de protección. No obstante, asegura que continúa sintiéndose vulnerable, ya que el presunto agresor ha seguido intentando localizarla pese a las gestiones realizadas. Este recorrido institucional, según su relato, no se ha traducido en la seguridad real que ella y su hija necesitan.
Un grito desesperado ante la posibilidad de una tragedia
Esta no es una simple denuncia. Es, en definitiva, el grito desesperado de una madre que pregunta si las autoridades van a actuar antes de que ocurra una tragedia. Su caso se suma a los de tantas mujeres que, en circunstancias similares, han visto cómo sus denuncias no logran frenar a tiempo la escalada de violencia que enfrentan.
Una deuda pendiente con la protección a las víctimas
Ninguna mujer debería tener que vivir escondiéndose, huyendo o temiendo por su vida mientras intenta proteger a sus hijos. Las amenazas y la violencia deben investigarse y atenderse con urgencia, porque esperar a que ocurra una tragedia nunca puede ser la respuesta. El testimonio de esta madre cubana queda, así, como un recordatorio urgente de que la protección a las víctimas de violencia no puede depender únicamente de su propia insistencia, sino de una respuesta institucional a la altura del riesgo que enfrentan.

